martes, 19 de julio de 2011

“Ojalá que las reflexiones presidenciales se fijaran también en el papel de los medios del Estado”

El periodista Vladimir Villegas se refiere en su columna de este martes al tema comunicacional y aspira “que las reflexiones presidenciales se fijen también en el papel de los medios del Estado, y particularmente en programas que se dedican a la promoción del odio, al insulto impune y a la gavilla comunicacional”. 
A continuación la columna completa de Vladimir Villegas

Poco antes de salir hacia Cuba, el presidente Hugo Chávez ha instado al Poder Judicial a que estudie medidas de gracia para las personas detenidas por razones políticas y que están sufriendo, como es su propio caso, severos quebrantos de salud. Este paso ha sido saludado por los familiares de los presos políticos, particularmente por Bony de Simonovis y Yajaira de Forero, cuyos respectivos esposos no han sido tratados con la premura y la seriedad que sus casos ameritan.
Ojalá que, fieles a su costumbre de agarrar cuanta seña se les envía desde Miraflores, esta vez en el más alto tribunal de la república no surjan excusas para atender el exhorto presidencial y abrir una ventanita hacia la reconciliación nacional que tanta falta hace. Y así, de paso, se quitan o disimulan parcialmente la tremenda raya del bono golilla.
Sería una tremenda mezquindad no reconocer como señal positiva esta iniciativa presidencial, como también negar la importancia de que, al menos en el papel, el jefe del Estado, a quien deseamos pronta recuperación, ha venido haciendo señalamientos coincidentes con las críticas que desde hace varios años estamos formulando tanto opositores de vieja data como diversas individualidades que ya no acompañamos al actual Gobierno.
El tiempo, amo y señor encargado de medir la sinceridad de todos los mortales, dirá si Chávez está reflexionando de manera honesta, o si se trata de una táctica de cara a las próximas elecciones presidenciales, en las cuales será candidato si su salud se lo permite.
En todo caso, ha admitido realidades que sus más cercanos colaboradores han tratado de edulcorar infructuosamente, en temas tan sensibles como el drama penitenciario o su directa responsabilidad en impedir el desarrollo de un liderazgo colectivo que atenúe, aunque sea un poco, el mesianismo característico de su actuación como jefe del Estado.
Ha cuestionado públicamente el fraccionalismo en el Partido Socialista Unido de Venezuela, con lo cual se cae, como fruta madura, la mentira de quienes desde la dirección partidista dicen que están más unidos que nunca. Y ha exhortado a quienes persisten en la línea divisionista y en la pugna interna a irse de la organización. Para que lo haya dicho públicamente debe ser cierto que la enfermedad presidencial ha desatado demonios internos que se hacían los dormidos. Y es bueno preguntarse cómo se comportarán esos demonios mientras el comandante presidente está en La Habana.
Ojalá que las reflexiones presidenciales se fijen también en el papel de los medios del Estado, y particularmente en programas que se dedican a la promoción del odio, al insulto impune y a la gavilla comunicacional, como el que conduce ese nefasto personajillo que todas las noches pontifica sobre ética y, de paso, lanza mentadas de madre a diestra y siniestra, y ofende a mujeres honorables y ya ancianas, como María Teresa Castillo, mientras disfruta del privilegio de una tropa de escoltas que seguramente no paga de su bolsillo y que lo convierte tal vez en el rojo rojito más protegido después del jefe del Estado.
No se imagina la señal de rectificación, de diálogo con todos los venezolanos y de aceptación de la Venezuela diversa que usted enviaría si deja de legitimar y aupar ese decadente espacio televisivo y al pran que lo conduce.
Marcano Battistini.
En días recientes falleció el doctor Héctor Marcano Battistini, un recordado juez venezolano distinguido por su honestidad y apego a los principios del Derecho y, por demás, un excelente ser humano que batalló hasta el último momento con serios quebrantos de salud. A sus familiares, particularmente a nuestra entrañable María Fernanda, madre de mi sobrino Santiago, nuestras sentidas palabras de solidaridad y condolencias.

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