martes, 12 de octubre de 2010

Vladimir Villegas ‘El Gobierno no puede seguir desconociendo la realidad política surgida de los comicios’

Tuve la oportunidad de participar junto con un grupo de compatriotas de diversas corrientes políticas venezolanas en el Ágora América Latina, evento realizado en Madrid, en el cual participaron representantes de toda la región bajo el lema “Cien voces diferentes, un compromiso común”, un evento auspiciado por la Fundación Internacional para Iberoamérica de Políticas Públicas con el objetivo de fomentar el diálogo entre las voces latinoamericanas más diversas sobre los grandes temas de la política, la economía, la agenda social, la democracia y el papel de los medios de comunicación.

Fíjense que la diversidad ideológica y política de los participantes no fue un obstáculo sino un buen motivo para entrarle al debate de ideas, sin descalificaciones ni prejuicios, y con la plena disposición a escuchar los enfoques en torno a tantas preocupaciones comunes que tenemos con respecto al presente y al futuro de nuestros países y, sobre todo, de nuestros ciudadanos.

Por Venezuela asistimos, entre otros, Leopoldo López, Aurora Morales, Calixto Ortega, los recién elegidos diputados Marcos Figueroa y Hernán Núñez, la historiadora Margarita López Maya, Johan Perozo, ahora dedicado a las lides periodísticas, Jesús María Casal, de la UCAB, y quien les escribe.

De igual manera hubo representación diversa de las otras naciones de la región, incluida Cuba.

La discusión giró en torno a la necesidad de construir un nuevo relato para Latinoamérica, el papel del Estado y el mercado frente a la desigualdad, el liderazgo que se necesita en tiempos de cambio, el poder y los medios de comunicación social, y la cultura y la identidad en la región. Por supuesto que en tan corto tiempo es imposible abordar con toda profundidad la agenda pendiente en cada uno de nuestros países por separado y en conjunto, pero la señal que se envía desde Ágora América Latina no puede ser más clara en cuanto a que el diálogo es el camino idóneo para encontrar las salidas que hoy por hoy lucen cerradas en medio de tantas dificultades.

Venezuela es el mejor ejemplo del no diálogo y de la pertinencia de crear espacios para que nuestras voces más diversas puedan intercambiar opiniones, enfoques, propuestas y experiencias.

Tengo muy claro que el llamado a diálogo es un planteamiento que se estrella contra la realidad de la polarización, pero al menos le queda a uno el consuelo de no estar hablando en solitario, como los locos. Tanto en nuestro país como en otras naciones este planteamiento tiene pertinencia y más apoyo del que algunos creen.

Luego de las elecciones del pasado 26, el diálogo no es sólo pertinente sino urgente. El Gobierno no puede seguir desconociendo la realidad política surgida de esos comicios. La mitad del país, poco más, poco menos, votó porque está desencantada, porque se siente excluida, porque reclama soluciones que no llegan y está hastiada de la prepotencia con la cual se conducen quienes hoy tienen el poder. Insistir en el camino de la confrontación, del no diálogo, del “se la calan o se van” es sumamente peligroso y termina siendo totalmente antidemocrático.

Ojalá en nuestro país pudiera convocarse un evento similar, sin otro ánimo que el de confrontarnos pero en el plano de las ideas, en el terreno de proyectos de país, de soluciones a problemas específicos como la inseguridad, la crisis habitacional o el deterioro de los servicios públicos. En principio, la nueva Asamblea Nacional debería ser uno de esos espacios. Pero en la bancada roja-rojita, la que se va y la que llega, sigue imperando el deseo de pasar aplanadora, de cambiar las reglas del juego para manejar el Parlamento como si no hubiera allí otros diputados nacidos del voto popular.

Pese a ese cuadro, insistimos en el diálogo. De la confrontación a ultranza sólo quedarán escombros de país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada