martes, 1 de febrero de 2011

“Las Farc, descritas por Ingrid Betancourt, le hacen un flaco servicio a la lucha por un mundo mejor”

Vladimir Villegas dedica su columna de este martes, publicada en El Nacional, a reflexionar sobre el libro de Ingrid Betancourt titulado No hay silencio que no termine. 
 
A juicio de Villegas, el secuestro, los presuntos lazos con el narcotráfico, los tratos crueles y degradantes a las víctimas, muestran que “un movimiento que en el pasado gozaba de prestigio y simpatía en la izquierda latinoamericana se deslizó por el tobogán de la descomposición”.
Esta es la columna de Vladimir Villegas, tal como la publica El Nacional:
Acabo de concluir la lectura del libro escrito por Ingrid Betancourt titulado No hay silencio que no termine, y en el cual la ex rehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia narra impactantes episodios de sus largos años de cautiverio en la selva de la hermana nación.
El libro de Ingrid es una terrible denuncia frente a la cual no se puede caer en el chantaje de siempre, de silenciar la crítica a la guerrilla para no dar de comer al uribismo o al paramilitarismo 
Se trata de un libro apasionante, lleno de detalles, de anécdotas que retratan los más diversos matices del ser humano, de su capacidad para resistir, para odiar, para vencer el miedo, para sucumbir ante él y para llegar hasta los más impensables niveles de crueldad y de solidaridad.
No dudo de los testimonios dados por la autora, pero si lo que allí narra Ingrid Betancourt con respecto al tratamiento que ella y otros rehenes recibieron de la guerrilla más antigua de América Latina está apegado a la verdad siquiera en un 30%, no queda duda de que nada tiene de humanista ni de revolucionario, progresista o simplemente patriota una fuerza que se apega al no-principio según el cual el fin justifica los medios.
El secuestro prolongado, la nunca desmentida relación con actividades ligadas al narcotráfico, los tratos crueles y degradantes a las víctimas que algunos llaman eufemísticamente “retenidos” son apenas muestras de cómo un movimiento que en el pasado gozaba de prestigio y simpatía en la izquierda latinoamericana se deslizó por el tobogán de la descomposición, de la desnaturalización y de la asimilación de conductas iguales o peores que las de sus enemigos políticos y militares.
Las FARC, descritas por Ingrid Betancourt desde su dolorosa perspectiva de rehén, le hacen un flaco servicio a la lucha por un mundo mejor. Es imposible imaginar que, una vez en el poder, un movimiento que ha llegado a tal nivel de degradación y de desprecio por la vida, por la condición humana y por los más elementales sentimientos de compasión pueda transformarse como por arte de magia en agente de cambio, de justicia, de más y mayor democracia y de solidaridad.
El libro de Ingrid es una terrible denuncia frente a la cual no se puede caer en el chantaje de siempre, de silenciar la crítica a la guerrilla para no dar de comer al uribismo o al paramilitarismo. Más allá de las simpatías o antipatías que pueda generar la ex candidata presidencial colombiana, y haciendo caso omiso de sus debilidades humanas al describir la difícil relación que tuvo con Clara Rojas, es innegable el valor de su testimonio, porque muestra las entrañas de ese grupo armado que nació con una indiscutible justificación histórica luego del asesinato de Gaitán y que ha devenido en una maquinaria insensible reñida con la nobleza de la lucha por los más débiles.
Romero Anselmi. La semana pasada falleció Jesús Romero Anselmi, periodista de larga trayectoria tanto en su natal estado Táchira como en la capital del país. Entre nosotros hubo una relación de cordialidad y de respeto, tanto en los momentos de las coincidencias como de las diferencias. Con él estuvimos en los días del paro de la prensa, en 1992, exigiendo la restitución de las garantías constitucionales, y en otras jornadas de lucha social y gremial. Fue factor clave en la recuperación de la señal de VTV el 13 de abril de ese año, luego del golpe de Estado.
Chucho Romero deja una legión de amigos y de colegas que siempre lo respetaron, más allá de sus posiciones políticas, y que valoraron en él al compañero solidario que hizo del periodismo su razón de ser. Paz a sus restos y nuestra palabra de condolencia a sus familiares.

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