martes, 25 de enero de 2011

‘El espíritu del 23E está presente de alguna manera en la Constitución de 1999′

En su columna de este martes, Vladimir Villegas recuerda y analiza la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y compara algunos hechos de aquel momento histórico con la actual situación política de Venezuela.
Esto es lo que escribe hoy Vladimir Villegas en El Nacional:
Al conmemorarse 53 años de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, sigue siendo pertinente el balance de lo ocurrido desde el momento en el cual el tirano huyó en su Vaca Sagrada.

El espíritu del 23 de Enero de 1958 impregnó el ambiente político del deseo de la unidad
para conquistar un gobierno realmente democrático, con voluntad de dar participación a todas las corrientes del pensamiento, y de elaborar un programa con las más sentidas demandas políticas y sociales.
La exclusión de la izquierda, encabezada por el PCV, fue una de las primeras iniciativas de los jefes políticos venidos del exilio, encabezados por Rómulo Betancourt y Rafael Caldera.
Esa decisión de aislar y segregar a los comunistas se convirtió en una obsesión que a la larga sirvió también de estímulo para que el PCV y el MIR incurrieran en el grave error de ir a la lucha armada, lo cual malogró la posibilidad de que se desarrollara en nuestro país un movimiento de masas que empujara los cambios anhelados por la sociedad y, principalmente, por los sectores menos favorecidos.
El espíritu del 23 de Enero quedó hecho añicos. Hubo un reparto del poder, y si bien la democracia representativa llegó a emprender obras de importancia, los factores económicos y partidistas tomaron la sartén por el mango, le dieron su cuota en el reparto a la CTV y se constituyó un sistema político en el cual las decisiones fundamentales eran adoptadas por las cúpulas.
El sistema bipartidista fue sustentable durante largos lustros, sin que se hubieran resuelto los problemas en materia de pobreza y desigualdad. Hasta que el “consenso” comenzó a resquebrajarse como consecuencia de la corrupción, la errática política económica de endeudamiento externo iniciada en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y seguida por sus sucesores, y el agotamiento del modelo político puntofijista.

No es que éramos felices y de repente llegó Chávez.

Aquí hubo una descomposición del sistema político. El modelo de reparto se agotó y por eso sobrevinieron el Viernes Negro, el Caracazo y las intentonas de 1992. No fue por arte de magia que AD y Copei comenzaron a perder terreno y surgieron con fuerza nuevos liderazgos y organizaciones.
El país tomó un rumbo que para nada se compadecía con el espíritu del 23 de Enero, que fue traicionado a las primeras de cambio. Ciertamente, el sistema pudo sobrevivir con comodidad, y en medio de un gran apoyo popular. Pero se agotó, producto de su desvío a las primeras de cambio, y logró sobrevivir ante la falta de alternativas y porque ciertamente la verdadera crisis comenzó a tocar sus puertas en el gobierno de Luis Herrera.
El bipartidismo, resultante de la traición a la unidad que contribuyó a la caída de la dictadura, hizo aguas y abrió paso al avance de fuerzas alternativas, como La Causa R y luego el movimiento creado en torno a la figura de Hugo Chávez, a quien apoyamos porque vimos en su liderazgo la posibilidad de empujar un proyecto de país más democrático, incluyente, diverso, con una Constitución elaborada en medio de la más amplia consulta nacional, como nunca había ocurrido.
Pues bien, hoy el espíritu del 23 de Enero de 1958, presente de alguna manera en la Constitución de 1999, nuevamente ha sido dejado de lado, al igual que nuestra aporreada carta magna. Lo que nos gobierna hoy no es el proyecto contenido en el texto constitucional vigente. Es el mismo espíritu de sectarismo, de exclusión, de apropiación indebida del poder que también animó a quienes igualmente hablaron en nombre del pueblo y lo relegaron sin medir las consecuencias.
La lucha por el cambio sigue. Por un país diverso, con justicia, sin cogollos, sin exclusiones y sin autoritarismo.
23 de Enero… ¡La lucha sigue!
Por: VLADIMIR VILLEGAS

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