domingo, 4 de julio de 2010

Carta de Willian Lara para Eduardo Manuitt


Por Meteorito llanero

Vergatario Eduardo Manuitt, o mejor, Eduard, para entrar en confianza. Ayer mientras dormía plácidamente, un sueño irrumpió sobre mi mente, en él, logré descifrar toda la obsesión que por ti tengo, soñaba que te enviaba un mensaje que impulsé en una botella que deje escapar al mar y en tus manos fue a parar.

Durante el sueño logré vislumbrar aquellas memorables palabras que te despachaba desde esa hermosa ilusión, me levante de la alcoba y me puse a escribir para que no se me olvidara pieza alguna y aquí te las hago llegar, como fiel a mis ensueños noctámbulos.

No sé como iniciar este escrito, si con la mano derecha o la izquierda. En definitiva, quiero desahogarme porque no aguanto más y este pueblo que según me dicen se llama Guárico es jodido y no me deja gobernar porque dicen que no me parezco a ti, ¡fin de mundo!

Me siento fuera de sí, ¡gran vaina me echaste!, fíjate que, los consejos comunales fueron organizados bajo tu imagen y ahora no me hacen caso a pesar de mis constantes amenazas y atropellos para que se adecuen y sigan mis instrucciones. Los productores me piden sorgo y maíz y yo les doy rastra, me piden seguridad jurídica y les entrego expropiación.

Para colmo de males, señor Eduardo, las mujeres de este pueblo son fregadas, en cada acto me piden que les cante una de esas entonaciones llaneras porque cuando usted se encontraba en Guárico las complacía con cuatro, arpa y maracas y de verdad que en esa materia estoy raspado, yo no me sé ni el himno al estado Guárico, con eso le doy mis antecedentes.

Las mujercitas de por estos lados quieren que me monte en una bestia de esas que anda desenfrenadas por el llano y yo de verdad, Eduardo, lo único que sé montar es burro doméstico, de esos que no patean ni rebuznan.

Usted, señor Manuitt, me enfrió el guarapo. Usted dice que por culpa mía muchas familias guariqueñas pasan hambre, es decir usted me acusa de “ineficiente”. Usted dice que mientras estuve nueve años en cargos de importancia junto al Presidente Chávez no le entregué nada al Guárico y que además dice que he sumergido al corazón de Venezuela en la verdadera decadencia, pues fíjese, Manuitt, ¡tiene toda la razón! usted bien sabe que yo viví en Miranda, aunque mi ombligo se encuentre enterrado en el Soccoro, por cierto, hablando de mi terruño natal, aprovecho esta oportunidad para agradecerle el aporte que le hizo a mi madre, porque yo no lo pude hacer.

Pero amigo Eduardo y discúlpeme si le llamo amigo, hoy, en el año 2010, desde mi pedestal y cuando ya estoy a puntico de cumplir la mitad de mi gobierno, me siento insatisfecho, porque las obras de grandes envergaduras que usted hizo, no las he podido superar y las promesas que electoralmente realicé se quedaron sólo en eso.

Imagínese que yo llegue a la silla de la gobernación con mis hombres excitados de poder porque no habían visto ni un centavo en sus manos y quería cumplir con un sueño, no es más que, verlo fuera del poder y observar si venias a pedirme “cacao”, pero me he percatado que desde afuera eres más peligroso que tabaco de bruja, porque la gente te añora y llora. Por cierto, señor Manuitt, ya que toco el tema, Rafael Emilio me echó un vainón porque para este viaje desde Miranda hasta acá y pasar por el Socorro no fue fácil y tuve que sacar el maletín donde traigo mis enceres personales, lo que me trajo muchísimos problemas con los habitantes.

Lo cierto, y para no perder el hilo del cuento principal, es que cuando llegamos al palacio de las flores, perdón, de gobierno y emocionado dije: ¡Descubrí el manantial! Todos los empleados jodedores dejaron de hacer nada y me gritaron casi al unisonó: “¡Por aquí fumea!”

Señor Manuitt, perdóneme el atrevimiento, pero usted y yo no nos parecemos en nada; a usted le gusta la tierra y a mí la ciudad, usted besa y abraza a los pobres, yo por el contrario, beso sólo a mi amada esposa, yo persigo y ataco, mientras usted se solidarizaba con este pueblo.

Compénseme que lo moleste en momentos en que mi caída es inminente, pero lo hago porque quiero decirle que sólo espero que cuando regrese, no me quite el espejo que tengo en el despacho porque es allí donde saco los cálculos.

Su fiel amigo: Wiliam Lara

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